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Ampliando las historias de la comunidad indocumentada de Utah para resaltar las barreras, las injusticias, las experiencias y el éxito de nuestra comunidad. ¡Estén atentos para nuevas historias!

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Mi nombre es Estefania. Nací en Toluca, México pero llegué a Salt Lake City, Utah en la primaria. Tenía una vida normal, una vida muy bendecida. Por motivos familiares mi familia decidió regresar a México. Fue una sensación tan difícil de explicar, por una parte estaba emocionada de regresar a mi país, pero por otra parte estaba llena de nervios. No solamente por que mis padres se estaban divorciando, si no también por el no conocer y por el no saber si algún día regresaría a mi vida “normal”. Fue ahí entonces cuando me di cuenta que mi vida no era como los demás, yo no tenía el famoso seguro social y las posibilidades que se veían normales a los demás, no lo eran para mí, ni para mi familia.

Lo único que yo quería era realizar mis sueños pero no me imaginé que sería tan difícil. Un poco antes de regresar a Utah habían aprobado el DACA. DACA es un permiso de trabajo para el grupo de jóvenes que crecieron en los USA. Pero fue negada mi aplicación, la razón fue por el haber salido del país, (aunque había hecho casi toda mi vida aquí)  traté de argumentar que era decisión familiar y como hija no podía ir en contra de mis padres, aparte no hubiéramos tenido con quien quedarme, pero quedó negado.

 

Me gradué de la prepa, con sueños de ejercer mis estudios pero, nadie me dijo que no solo para trabajar ocupas un seguro social sino también para estudiar. Claro, existen becas para indocumentados, pero lamentablemente son pocas aparte que no te dan un monto decente para poder pagar tus estudios. Te dan una porción mínima y lo demás tienes que ver cómo lo puedes colectar. Pero no deje que eso me desanimara. Trabajaba dos trabajos, mientras trataba de terminar mis estudios. Cambiando de carreras, porque al escoger una, miraba el curriculum y me daba cuenta que el monto total a pagar era enorme, así que tenía que mirar otra opción.

 

Pero como decía mi abuelita, “habrá un lugar donde te dicen no pero habrá otro lugar donde te dicen si”. Nunca me desanime, de hecho el rechazo me hizo más persistente a encontrar alguna manera de triunfar. Gracias a Dios, y las puertas que Él me ha abierto, he encontrado las maneras de tener una vida “normal”. Un trabajo, un hogar, un carro, amistades, experiencias preciosas. Pero la triste realidad es que mi vida sigue “inestable”. Mi vida sigue insegura, pero no dejaré la lucha, de hecho lucharé más, por mis derechos y  por los derechos de los demás. Por esas familias que temen estar separadas, por esos jóvenes que temen perder sus sueños, por esos padres que temen perder lo que se han ganado Mi visión es ver justicia sin fronteras.

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Mi nombre es Teresa, tengo 55 años y soy una Promotora. He participado en los esfuerzos de Covid-19, brindando recursos y conectando a la comunidad durante esta pandemia en la que nos hemos visto afectados de muchas manera desproporcionada. Emigré hace 20 años al estado de Utah con mi familia, buscando como muchos, una mejor oportunidad para mi familia. 

Soy Maestra de Preescolar, en la Escuela Nacional de Maestras de Preescolar, y de la Licenciatura. Como muchos latinos llegué a este país dejando un sistema político y social en el que no podemos desarrollarnos como profesionales y como seres humanos, con aspectos básicos como la seguridad.

Mi país resulta altamente inseguro para una mujer, profesional y madre. Decidí mudarme a los Estados Unidos con mi esposo e hijos para una vida mejor y mejores oportunidades para nuestros hijos, que son nuestra principal motivación en la vida. 

Al llegar a los Estados Unidos, resultó imposible conseguir un trabajo en la profesión que tanto amo, por mi estatus migratorio y el requisito adicional de tener que renovar mis estudios. El inglés también se vuelve un poco complicado y un lujo, ya que nos enfocamos en el ambiente laboral cumpliendo horas y trabajo pesado, sin importarnos más que el bienestar, y desempeñándose con toda la mejor actitud.


Mi familia se vio afectada por las políticas de inmigración y sufrió una separación desde el año 2012. Esta es una de las principales causas por las que lucho por un cambio, para que otras familias no tengan que pasar por estas situaciones tan dolorosas, y sé que el mejor camino es educándonos, informándonos y empoderandonos como comunidad y pidiendo una reforma migratoria integral y justa. Por eso puedo decir que es mi pasión ser promotora, porque me gusta conectarme con mi comunidad, ya que conozco las dificultades de ser inmigrante en este país, sueño con la justicia y la equidad social, y sé que se puede lograr.

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Soy una persona que le gustaría cambiar muchas cosas pero se que algunas de ellas no puedo, otras tengo que luchar por ellas. Mi historia es de alguien que vive en un estatus mixto, con familiares con DACA e indocumentados, pero ante todas estas etiquetas somos humanos queriendo ser libres y con muchas ganas de estar unidos como familias.

Al migrar a este país fue una experiencia al principio traumática ya que el como llegue aqui fue por el desierto exactamente 3 dias y si casi muero, pero había algo que me impulsaba llegar el ver a mi familia y a mi madre en especial,era tan fuerte ese deseo que lo pude lograr también con la ayuda de Dios.

Al llegar aquí no sabia lo que me enfrentaría en primer lugar el idioma aun sigo aprendiendo, la cultura muy diferente, la comida entre otras cosas fue muy frustrante para mí. Lloraba pero también era la ilusión de tener oportunidades buenas para mi y mi familia.

Trabaje en un restaurante sin saber nada de inglés limpiando mesas y atendiendo a la gente fue algo que me ayudó a impulsar a aprender cosas nuevas. Después de un tiempo me case con ciudadano pero al entrar sin visa me a impedido arreglar rápido mi residencia sigo en proceso muy largo, mi esposo es parcialmente sordo en ocasiones le apoyó con traducirle o decirle cosas que no escucha en cosa médicas o alguna otra situación, tengo un hijo con una discapacidad también es difícil pensar que sino puedo arreglar mi situación de residencia o si pasa la reforma migratoria  será muy triste, desesperante, complicado para mi familia ya que uno de ellos toma medicamentos y terapia para estar bien en su vida,mi esposo trabaja la que está a cargo de todo soy yo además de 2 hijos mas que tengo.

Es importante contar con una reforma migratoria para que nuestras familias continuen unidas, fuertes entre otras situaciones que pasamos es aunque nuestros hijos son ciudadanos muchas veces son tratados como ciudadanos de segunda clase por tener padres o un padre indocumentado, por su color de piel.

La reforma migratoria nos daría la oportunidad para tener la seguridad que nuestros hijos tengan a sus padres con ellos, de cuidar por el bienestar de la familia, de salir de las sombras y vivir de una manera digna, segura sin miedo que algún día no veré a mis hijos. Que mi familia pueda tener una casa, un trabajo con un salario digno, un seguro médico, muchas veces piensan que queremos quitarle cosas a las demás personas pero solo queremos aportar a este país, nuestros talentos, habilidades, dinero y ante todo aportar respeto, amor.

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